Además de su núcleo interno, el planeta Tierra se compone de tres capas externas. La primera, su envoltorio sólido, la litosfera, que comprende la corteza terrestre. La segunda, su superficie de agua líquida (la hidrosfera) y de agua sólida (la criosfera). Y la tercera, su capa gaseosa (la atmósfera), que la separa del espacio. Los organismos vivos han desarrollado ahí su hábitat , creando lo que se llama la biosfera, que comprende la totalidad de los ecosistemas.
Catalizado por los organismos vivos, el conjunto de sus componentes interactúa, se influyen entre sí y generan ambientes con relaciones muy complejas, mezclando transformaciones químicas y flujos de energía y de materia. Muy lentamente, estas interacciones han evolucionado hasta llegar al equilibrio dinámico actual, recorriendo diversos ciclos naturales (entre otros, los del carbono, del agua, del nitrógeno y del fósforo). El sistema Tierra se ha mantenido relativamente estable durante los últimos 11.000 años, un periodo que comenzó con el Holoceno y que se acaba en la actualidad con el comienzo del Antropoceno (la noción de Antropoceno ha sido desarrollada en el Tema 2).
El ejemplo del suelo, expuesto con detalle en el documental por Lydia y Claude Bourguignon, y por Olivier de Schutter, muestra la complejidad de las interdependencias de los medios terrestres. Pero, sobre todo, este ejemplo ilustra la vulnerabilidad del sistema Tierra y la Antropización de la Naturaleza (noción que es explicada en el Tema 4). Desde el comienzo del Antropoceno, bajo el efecto acumulado de sus interacciones químicas, físicas y biológicas, los seres humanos han venido afectando a todas las variables del sistema Tierra. El sistema se halla así desequilibrado y procura buscar un nuevo equilibrio integrando esa nueva “fuerza antropogénica” y su impacto. Sin embargo, existen dos parámetros que son imprescindibles para que el sistema encuentre su equilibrio. En primer lugar, que los seres humanos consigan estabilizar esa fuerza “antropogénica” y fijar sus interacciones en un determinado nivel. En segundo lugar, la virulencia del cambio va a depender de la intensidad de esa fuerza, es decir, hasta dónde van a llegar los seres humanos antes de estabilizarla.
Mathieu Ricard alude a los límites planetarios. El concepto de límites planetarios es una herramienta explicativa completa y fácil de utilizar. Nos permite conocer los límites del sistema Tierra, todo lo que puede soportar antes de cambiar, y evaluar los umbrales máximos a partir de los cuales se produce una desestabilización. La comunidad científica ya ha identificado diez procesos importantes, interdependientes, que regulan el sistema Tierra y que condicionan íntegramente la existencia de la vida tal y como la conocemos hoy, por ejemplo, con la presencia de homínidos en su superficie. Vandana Shiva se refiere a la erosión de la biodiversidad, uno de esos diez límites planetarios, y habla de los puntos de inflexión. En la actualidad, seis de los umbrales de los diez límites planetarios ya han sido superados. Estos son:
1) La erosión de la biodiversidad (nuestro sistema es capaz de aguantar hasta 10 extinciones, por año y por millón de especies, pero hemos alcanzado 100, es decir, diez veces más);
2) La perturbación del ciclo biogeoquímico del fósforo (estrechamente vinculada a la agricultura intensiva -ya citada por otros expertos anteriormente-, pues se expulsa el doble del máximo anual admisible);
3) La perturbación del ciclo químico del nitrógeno (también ligado a la agricultura intensiva, a la quema de combustibles fósiles y a las actividades industriales, pues se expulsa anualmente el doble del límite aconsejable);
4) El cambio climático (nuestro sistema puede admitir una concentración de CO2 en la atmósfera de 350 ppm (partículas por millón), pero en 2020 hemos llegado a 412 partículas por millón (426 ppm en 2024), un absoluto récord desde hace tres millones de años);
5) La antropización de los suelos (el sistema puede soportar un cambio de uso siempre que el 75% de las zonas forestales se conserve, pero hoy ya sólo conservamos el 62%);
6) La introducción de nuevos elementos en la biosfera, que durante mucho tiempo no se habían cuantificado, y que ahora se sabe que han superado los límites (entre otros, los microplásticos, las nanopartículas y, en especial, los compuestos orgánicos persistentes -conocidos como COPs-, que son sustancias químicas procedentes especialmente de la agricultura industrial y que suponen un riesgo importante a escala planetaria ya que son persistentes, bioacumulativoss, tóxicos y, además, pueden recorrer grandes distancias).
Los otros cuatro límites son:
7) La cada vez mayor acidez de los océanos debido al aumento del CO2 en la atmósfera y que tiene un impacto en el crecimiento de los esqueletos externos de los organismos marinos y pone en peligro las cadenas alimentarias;
8) La utilización -excesiva- de agua por el ser humano;
9) El ozono estratosférico;
10) La presencia de aerosoles en la atmósfera, que son nefastos para la salud humana e intervienen en el proceso del cambio climático.
Así pues, ¿cambiar o desaparecer?
Los trabajos de Ilya Prigogine han contribuido a la comprensión de los sistemas complejos y de su irreversibilidad. Desde entonces, los descubrimientos se han ido sucediendo y, cuanto más conocemos, más nos damos cuenta de la imprevisibilidad de ciertos mecanismos. Al traspasar un umbral, nos acercamos inevitablemente a un punto de ruptura, un punto de inflexión irreversible hacia lo desconocido. Incluso si algunos de estos puntos han sido identificados por los científicos, la complejidad del sistema Tierra hace que la aceleración de los fenómenos y los efectos en cascada sean absolutamente imprevisibles. El ejemplo del metano (CH4) puede ayudarnos a entender cómo hay fenómenos que se amplifican unos a otros, un poco como el efecto dominó. El metano es un potente gas de efecto invernadero. Su presencia contribuye al calentamiento global del planeta. Al aumentar la temperatura, esta hace derretirse una parte del permafrost, ese suelo cuya temperatura no pasa de 0º C durante todo el año. Ese deshielo expone materia orgánica (hojas, ramas, …) que estaba congelada y que, a su vez, se degrada y emite metano. Así, la concentración de metano en la atmósfera aumenta y agrava el calentamiento global, lo que a su vez facilita que el permafrost se siga derritiendo y que, además, provoca que los hielos polares se derritan aún más , de forma que se alteran las corrientes marinas que regulan la habitabilidad del planeta. Esta aceleración del sistema ha sido expuesta en el documental por Sophia Stril-River, así como en la secuencia de la torre que se derrumba y también en la metáfora del efecto mariposa.
A día de hoy, como Vandana Shiva revela, el mundo occidental aún no se ha dado cuenta del impacto de estos cambios mientras que otros seres humanos, que viven en zonas menos prósperas, ya tienen que enfrentarse a ellos. Las soluciones a nuestro alcance son numerosas y complejas, aunque todas tienen algo en común: demandan un cambio sustancial e inmediato de nuestra cultura y de nuestra manera de pensar. Mathieu Ricard ha planteado así el gran dilema: ¿qué va a pasar antes: cambiar, desaparecer, … u otra cosa?
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